TEMA
2: DISCAPACIDAD INTELECTUAL
La definición más
aceptada para el término “Retraso Mental” es la adoptada por la APA en
el manual DSM, el cual lo define como UN TRASTORNO DE INICIO EN LA
INFANCIA, LA NIÑEZ O LA ADOLESCENCIA cuyos principales criterios de diagnóstico
son:
a)
Capacidad intelectual significativamente
inferior al promedio.
b)
Déficit o alteraciones de ocurrencia en
la actividad adaptativa (autoevaluación) actual en por lo menos dos
áreas.
c)
El inicio es anterior a los 18 años.
Según dicho manual el
“retraso mental” se pueden clasificar en varios tipos:
1.
Leve: suelen desarrollar habilidades
sociales y de comunicación durante los años preescolares, tienen insuficiencias
mínimas en las áreas sensoriomotoras y con frecuencias no son distinguibles de
otros niños sin retraso mental hasta edades posteriores. Durante los últimos
años de su adolescencia, pueden adquirir conocimientos académicos que les
sitúan aproximadamente en un sexto curso de enseñanza básica. Durante su vida
adulta acostumbran a adquirir habilidades sociales y laborales adecuadas para
una autonomía mínima, pero pueden necesitar supervisión, orientación y
asistencia, especialmente en situaciones de estrés social o económico desusado.
2.
Moderado: la mayoría de los individuos
con este nivel de retraso mental adquieren habilidades de comunicación durante
los primeros años de la niñez. Pueden aprovecharse de una formación laboral y,
con supervisión moderada, atender a su propio cuidado personal. También pueden
beneficiarse de adiestramiento en habilidades sociales y laborales, pero es
improbable que progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden
aprender a trasladarse independientemente por lugares que les son familiares.
3.
Grave: durante los primeros años de la
niñez adquieren un lenguaje comunicativo escaso o nulo, aunque en la etapa
escolar pueden aprender a hablar y pueden ser adiestrados en habilidades
elementales de cuidado personal. Se benefician sólo limitadamente de la
enseñanza de materias pre-académicas como la familiaridad con el alfabeto y el
cálculo simple, pero pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de
la lectura global de algunas palabras imprescindibles para la supervivencia. En
los años adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples estrechamente
supervisados en instituciones. En su mayoría se adaptan a la vida comunitaria a
no ser que sufran alguna discapacidad asociada que requiera cuidados
especiales.
4.
Profundo: presentan una enfermedad neurológica
identificada que explica su retraso mental. Durante los primeros años de la
niñez desarrollan considerables alteraciones del funcionamiento sensoriomotor. Puede
predecirse un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con
ayudas y supervisión constantes, así como con una relación individualizada con
el educador. El desarrollo motor y las habilidades para comunicación y el
cuidado personal pueden mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado. Algunos
de ellos llegan a realizar tareas simples en instituciones protegidas y
estrechamente supervisados.
Por otro lado, en 1992,
la AMMR, modificó el concepto de “retraso mental” establecido en el
manual DSM, introduciendo, desde un modelo ecológico y contextual, que daba
gran importancia a los apoyos recibidos para el funcionamiento del individuo, cinco
premisas para la interpretación de los criterios diagnósticos del “retraso
mental”:
1.
Las limitaciones en el funcionamiento
del individuo deben considerarse en su contexto de edad y cultura.
2.
La evaluación debe tener en cuenta la
diversidad cultural e individual.
3.
Deben tenerse en cuenta no sólo las
limitaciones, sino también las capacidades, que a menudo coexisten con ellas.
4.
Se deben describir las limitaciones de
modo que se oriente en perfil de apoyos necesarios.
5.
El funcionamiento deficitario mejorará
si se mejoran los apoyos.
Este mismo modelo,
recuerda que los apoyos mediatizan y determinan el nivel de funcionamiento del
individuo en las cinco dimensiones que deben tenerse en cuenta según dicho
modelo. Éstas son:
a)
Habilidades intelectuales: se refiere al
déficit significativo en el desarrollo de las habilidades de razonamiento, planificación,
resolución de problemas, aprendizaje de la experiencia, pensamiento abstracto,
etc.
b)
Conducta adaptativa: hace referencia al déficit
significativo en el desarrollo de las habilidades adaptativas conceptuales (lenguaje,
concepto del dinero, …), sociales (interacción, responsabilidad, autoestima…) y
prácticas (comida, aseo, vestido, ocupación, …)
c)
Salud: hace alusión a las condiciones
relativas al estado de bienestar físico, psíquico y social del individuo.
d)
Participación: engloba las interacciones
del individuo con los demás y roles sociales que desempeña, teniendo en cuenta
las oportunidades y las restricciones que le rodean.
e)
Contexto: se refiere a las condiciones
micro, meso y macrosociales en las que la persona vive diariamente.
Dichos apoyos pueden
ser de varios tipos:
1.
Intermitentes: son apoyos ocasionales y
más o menos breves, ya sea de alta o de baja intensidad.
2.
Limitados: son apoyos continuados, pero
durante un período de tiempo limitado.
3.
Extensos: son apoyos continuados sin una
limitación temporal.
4.
Generalizados: son apoyos constantes y
de alta intensidad que se dan en la mayor parte de los contextos vitales.
Volviendo a la actualidad,
es de resaltar que se recomienda dejar de hablar de “retraso mental” y utilizar
la expresión “discapacidad intelectual”, puesto que dicho término pone
en evidencia un concepto contextual y ecológico de la discapacidad, responde mejor
a las prácticas profesionales actuales, que se centran en conductas funcionales
y apoyos contextuales, proporciona una base lógica para proporcionar apoyos
individualizados debido a que se basa en un marco de referencia ecológico-social,
es menos ofensivo para las personas con esa discapacidad y más consistente con
la terminología internacional, incluyendo los títulos de revista científicas, investigación,
etc.
Además, este término es
multifactorial puesto que se entiende que su etiología es compleja e implica la
interacción de múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales.
También es importante
recordar que la variabilidad o diversidad entre las personas con discapacidad
intelectual es tan alta o, incluso, mayor que en la población general. Las diferencias
biológicas, unidas a la peculiar historia personal evolutiva y de aprendizaje,
las características propias de los contextos de desarrollo (familiar, escolar,
social), los apoyos recibidos y que se están recibiendo… resultan aún más
determinantes en las personas con discapacidad intelectual que en la población general.
El nivel de funcionamiento de cada individuo, con independencia de que su DI
sea profunda, severa, moderada… está influido por la interacción entre todos
esos factores.
Los principales rasgos
generales que caracterizan el desarrollo evolutivo de las personas con
discapacidad intelectual son:
-
Retraso en el desarrollo: las grandes
etapas del desarrollo evolutivo, y el orden en que aparecen en el mismo, son
los mismos que en desarrollo “normal”, pero las personas con discapacidad
intelectual las recorren de forma más lenta, mostrando por ello un desfase cronológico
en la adquisición de las diferentes capacidades.
-
Desarrollo incompleto: las personas con
DI no suelen alcanzar el desarrollo completo de las diferentes etapas
evolutivas, de modo que dan la impresión de mostrar “lagunas” y carencias (“déficit”)
en distintos aspectos, incluso en la edad adulta.
-
Heterocronía: Las
personas con DI tienden a mostrar en cada fase evolutiva desniveles mucho más
acusados de lo habitual en el grado de desarrollo alcanzado en diferentes
capacidades. Mientras ciertas habilidades progresan de forma más o menos
cercana a las pautas evolutivas generales, otras están muy retrasadas y
presentan muchas “lagunas”. Por eso tienen diferentes “edades mentales” según
el aspecto del desarrollo que consideremos.
-
Déficit de integración funcional:
En
el desarrollo “normal”, las diferentes capacidades se van diferenciando poco a
poco (de una capacidad general surgen otras más específicas) pero al mismo
tiempo se van integrando funcionalmente (se relacionan unas con otras y se
emplean de forma integrada para dar respuesta a las necesidades de cada
momento). En las personas con DI, este proceso no se produce en el mismo grado
ni con la misma velocidad, por lo que suelen mostrar una alta “desagregación”
de sus capacidades.
Si se profundiza más se
puede ver que el desarrollo es muy diferente en los distintos niveles:
DI LEVE
Lentitud en el desarrollo y déficits cognitivos,
no excesivos
|
DI MODERADA
Mayor grado de retraso y déficits cognitivos
y en autonomía personal
|
DI SEVERA Y PROFUNDA
Retraso global muy grave del
desarrollo y déficits altamente significativos en aspectos específicos.
|
|
Desarrollo personal y social
|
Autonomía para el cuidado personal y
las actividades de la vida diaria. Algunas restricciones.
|
Guía del adulto en la mayor parte de
las actividades cotidianas; restricción de las relaciones sociales
|
|
Desarrollo cognitivo
|
Menor eficiencia en los procesos de
control atencional, el uso de estrategias de memorización y recuperación de
información y en el desarrollo de las habilidades metacognitivas; déficit específico
de simbolización.
|
Déficits importantes en las funciones
cognitivas básicas (atención, memoria, percepción,…) y en el acceso a la función
simbólica.
|
|
Comunicación y lenguaje
|
Desarrollo muy cercano al normal. Restricciones.
|
La adquisición del lenguaje oral sigue
las etapas del desarrollo normal pero es bastante lenta e incompleta.
|
No hay que olvidar que
las NEE más frecuentes y relevantes también son diferentes según el
nivel:
DI LEVE
|
DI MODERADA
|
DI SEVERA Y PROFUNDA
AC muy significativas en centros específicos
|
|
Desarrollo personal y social
|
Enseñanza de HH prácticas concretas y
cuidar la organización del entorno (no hay que sobreproteger)
|
Programas de refuerzo especifico en
los entornos naturales (control de las condiciones ambientales)
|
|
Desarrollo cognitivo
|
AC significativas (objetivos,
contenidos) y metodológicas. Enseñanza específica de las rutinas de
aprendizaje.
|
||
Comunicación y lenguaje
|
Reforzar comprensión y expresión (apoyo
logopédico)
|
Estimulación expresa de todas las
dimensiones en comprensión y expresión. En su caso, valorar sistemas
complementarios.
|
Las NEE también varían
dependiendo de las diferentes dimensiones:
Funcionamiento intelectual
|
Atención, memoria, control conductual,
metacognición, procesamiento de la información en todas sus fases
|
Habilidades adaptativas
|
Comunicación, autocuidado, habilidades
de vida en el hogar, habilidades sociales, utilización de la comunidad, autodeterminación,
salud y seguridad, habilidades académicas y funcionales, ocio y tiempo libre,
trabajo
|
Participación, interacción y roles
sociales
|
Implicar al alumno en la ejecución de
tareas en la vida real
|
Salud
|
Los problemas de salud no son
distintos, pero sí los efectos de los problemas de salud: importancia del
apoyo emocional
|
Contexto
|
Favorecer la estabilidad,
predictibilidad y el control
|
Otro aspecto importante
es que la atención temprana del alumnado con discapacidad intelectual en
relación al contexto debe de seguir un modelo de enriquecimiento parental que
respete los siguientes criterios:
a)
Centrarse en las necesidades,
aspiraciones, proyectos y prioridades identificados por la familia, con el fin
de promover al máximo un funcionamiento familiar positivo.
b)
Promover la competencia de la familia
para movilizar sus recursos, partiendo de sus propios valores y capacidades.
c)
Fortalecer las redes de apoyo social
mutuo y potenciar el uso de los recursos existentes.
d)
Potenciar la capacidad familiar de ser
autosuficientes para atender a las necesidades del niño o niña.
Un concepto relevante
en la discapacidad intelectual es la mediación reforzada, lo cual
significa que el desarrollo y el aprendizaje del niño con DI precisan que todo
el conjunto de sus entornos de desarrollo se organicen para maximizar el tipo
de experiencia que se ha descrito como mediación social o andamiaje. No sólo
las actividades específicamente educativas, sino toda la experiencia social y
familiar del niño, deben sistematizarse para proporcionarle ese tipo de
experiencia.
Estrechamente relacionado
con lo anterior, se puede observar que las áreas prioritarias de intervencióneducativa en el alumnado con DI son:
-
Habilidades cognitivas.
-
Habilidades comunicativas.
-
Habilidades adaptativas.
Y no se puede pasar por
alto que el modelo didáctico más adecuado para el desarrollo de las conductas adaptativas
del alumnado con DI es el modelo competencial porque su objetivo es
proporcionar experiencias que den la oportunidad de desarrollar la autonomía,
respetando el ritmo y modos de aprendizaje del niño en los contextos y
situaciones vitales habituales en casa, en la escuela y en la comunidad y porque
entiende el currículo como un conjunto de experiencias que han de permitir
adquirir y desarrollar estrategias de resolución problemas de la vida cotidiana
en sus distintos ámbitos y de manera cooperativa y solidaria.
Es esencial también,
explicar que son los sistemas aumentativos y alternativos de comunicación y
cuál es su relación con el principio de “comunicación total”. Pues bien, son
códigos de comunicación no verbal que se usan como complemento del lenguaje
oral o en sustitución del mismo, sustituyendo la palabra hablada (o
complementándola) mediante símbolos visuales, gestos, etc. Se usan porque una
necesidad primordial de toda persona es poder comunicarse con los demás, ya que
de ello depende su desarrollo: la comunicación total consiste en asegurar la
máxima comunicación funcional de la persona por todos los medios disponibles
usados de forma conjunta.
Por otra parte, los
principales criterios metodológicos para la intervención educativa con el
alumnado con DI son: aprendizaje basado en la experiencia; realizar actividades
específicas para la generalización de lo aprendido; tener y mostrar confianza
en la capacidad de aprendizaje del alumno o alumna; secuenciar las tareas en
pasos más pequeños; utilizar estrategias de diseño universal de aprendizaje;
prestar niveles de ayuda más elevados de lo habitual; usar estrategias de
comunicación total; reforzar positivamente el esfuerzo y los logros parciales
(no sólo el final); darle más tiempo para realizar las tareas; pasar
gradualmente de la directividad a la autonomía en las tareas.
Tampoco se puede
olvidar que el alumnado con DI preciosa de:
MAESTRO DE AL: Refuerzo
del lenguaje y la comunicación; MAESTRO DE PT: enseñanzas por medios
especializados y adaptación del currículo; MAESTROS DE ÁREAS: proporcionar
experiencias normalizadas de aprendizaje e interacción social con enfoques
inclusivos; MONITORES Y EDUCADORES ESPECIALIZADOS: proporcionar asistencia en
las necesidades cotidianas y colaborar en el desarrollo de habilidades
adaptativas; ORIENTADORES: evaluar sus necesidades, orientar las
adaptaciones curriculares necesarias y hacer el seguimiento de su evolución; TUTOR:
coordinar a todos los profesionales implicados y a la escuela con la familia.
Y por último, hay que
tener una adecuada coordinación a las familias por lo que es necesario ofrecerles
información clara y exhaustiva, como punto de partida para una auténtica
colaboración; prestarles orientación y apoyo en sus necesidades, ya sea
mediante tutorías individualizadas o mediante sistemas más complejos y elaborados
como las escuelas de padres o los grupos y redes de apoyo; establecer medios de
coordinación con la familia y los servicios extraescolares para hacer un
planteamiento conjunto, complementario para el desarrollo del niño, de las
experiencias escolares y extraescolares…






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